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Cruzada Nylon Negro De Bolsa Dkny Cremallera Superior De Negro Cuerpo Tela "Si tu hermano peca, ve y corrigelo en privado"

23º Domingo durante el año, Ciclo A, 2014

Mateo 18, 15-20

15 Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

16 Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.

17 Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

18 Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

19 También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.

20 Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos».

 “Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si tu hermano peca, ve y corrigelo en privado’ ”. En el texto de “La liturgia cotidiana” se lee: “Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado”.  Pero la añadidura “contra ti” no es correcta. En la “Biblia de Jerusalén” el versículo aparece traducido así: “Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndelo,  a solas tú con él”. Jesús entonces habla de toda culpa, no solo de la que se comete contra uno mismo.  Cuando se trata de falta contra uno mismo, el primer deber no es la corrección, sino el perdón.

¿Por qué dice Jesús: “Corrígelo en privado” o “repréndelo, a solas tú con él”?  Ante todo, por respeto al buen nombre, a la dignidad del hermano.  Malo obviamente sería corregir a un hombre en presencia de la esposa, o a una mujer en presencia de su marido, o a un padre delante de sus hijos, o a un docente delante de sus alumnos, o a un superior delante de sus subordinados.  En estos y casos semejantes  se trata de personas  cuyo respeto y estima al hermano le importan  mucho.

Hay que corregir “a solas” o “en privado”, también para dar al hermano la posibilidad de defenderse y explicar con toda libertad su acción. A menudo, en efecto, algo que a un observador externo parece culpa, podría no serlo en la intención del que la ha cometido.

Cuando no fuera posible corregir en privado, a solas, hay que evitar absolutamente divulgar  la culpa del hermano, hablar mal de él  o calumniarlo, dando por probado lo que no lo es o exagerando la culpa. El apóstol Santiago nos advierte: “Hermanos, no hablen mal los unos de los otros” (St 4, 11).  Chismorrear acerca de alguien es reprobable, por más que ahora  se intente justificar eso diciendo , con palabra inglesa de moda, que es “gossip”. “Gossip”, por otra parte, significa justamente “chismorreo, cotilleo”.

La persona que ha cometido la culpa podría ser yo mismo y el que corrige ser el otro: la esposa, el marido, el docente, el superior. O sea, existe también la corrección pasiva, el dejarse corregir. El que quiera corregir a otro tiene que estar dispuesto a dejarse corregir.

La enseñanza de Cristo sobre la corrección debería estar acompañada por lo que él dijo en otra ocasión: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?  ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo’, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lc 6, 41-42).

La corrección ha de ser realmente fraterna, es decir, inspirada por el amor y llevada a cabo con amor.  Si hay algún mensaje que se repite más veces en la Palabra de Dios es este del amor fraterno. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento escuchamos una y ora vez el mandamiento del amor, subrayado pedagógicamente por el mismo Jesús, quien dedicó su ministerio público, su tiempo y sus energías a  ejercer el amor, un amor incondicional, sin reservas, a favor de todos, particularmente de los más necesitados o  postergados o marginados.

Negro Dkny Bolsa Cuerpo De Negro Superior Nylon Cruzada De Tela Cremallera Negro Negro Cremallera Cuerpo Dkny Superior Nylon De Tela Cruzada Bolsa De Pablo exhorta a los creyentes de Roma, y por supuesto a los de todas las épocas, a construir su vida sobre el amor. Baste recordar el himno sobre el amor de 1 Corintios 13, donde Pablo llega a decir: “Si no tengo amor, no soy nada”.  Para Pablo, el amor resume toda la ley, todos los mandamientos. Dice precisamente: “Toda la ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gál 5, 14). Es un eco de la enseñanza de Jesús, quien propone como suyo propio el mandamiento del amor: “Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros , como yo los he amado… Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros” (Jn 12.17).

Para Pablo  el amor es  incluso una “deuda” que tenemos continuamente con el hermano y que nunca terminamos de pagar. Justamente en la II Lectura de hoy, nos dice “Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley… El amor  es la plenitud de la Ley”.

Bolsa Cremallera Negro Negro Cuerpo Tela De Cruzada Dkny Superior De Nylon Lo que Jesús nos ha enseñado sobre la corrección puede ser muy útil en la educación de los hijos. Así piensa san Pablo: “¿Hay algún hijo que no sea corregido por su padre?” (Heb 12, 7). La renuncia total a toda forma de corrección es uno de los peores servicios que se puede hacer a los hijos, y sin embargo es de lamentar que sea un fenómeno frecuentísimo. 

Por supuesto, la corrección de los hijos tiene que evitar toda aspereza, toda animosidad. Recomienda san Pablo a los padres: “Padres, no irriten a sus hijos: al contrario, edúquenlos , corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del Señor” (Ef 6,4). Y el espíritu del Señor es el amor.  Por eso, se tiene que corregir oportunamente, de manera serena, haciendo notar o dando a entender que  es para el bien de ellos.

Y hay que limitar la reprobación a la falta cometida, no rechazando en bloque a toda la persona y su conducta. Más aún: se puede aprovechar la corrección para poner de relieve primeramente el bien que se reconoce en el hijo o hija y lo mucho que se espera de él o ella, de suerte que la corrección venga a ser más un aliento que una descalificación. Era el método que usaba don Bosco con sus chicos.

Ante el rechazo, a veces desabrido y  áspero, de la corrección, hay que mantenerse calmos. Hay que dar tiempo al tiempo. La corrección es entonces como una siembra.  Es de esperar que dé fruto a su debido tiempo. Sobre todo, hay que ser comprensivos,  tolerantes con adolescentes, no tomando al pie de la letra palabras suyas que parecen de rabia, de odio, pero que no responden al sentido profundo de sus sentimientos; tampoco hay que tomar en serio eventuales desplantes en su conducta. Son excesos de la edad.  

Lo dicho con respecto a menores de edad puede aplicarse a toda clase de personas, a las que pensamos corregir. San Pablo en la carta a los Gálatas  expresa en general: “Hermanos, si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes, los que están animados por el Espíritu (Santo), corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado” (Sant 6, 1).

Con  cualquier clase de personas es difícil a veces distinguir si es mejor corregir o dejar pasar, hablar o callar. San Agustín nos propone esta máxima: “Ama y haz lo que que quieras”. Hay que asegurarse de que haya en el corazón una disposicion fundamental de aceptación y acogida de la persona. Después, lo que se decida hacer, sea corregir o callar, estará bien, porque como enfatiza san Pablo en la segunda lectura de la misa de hoy, “el amor no hace mal a nadie”.

La corrección fraterna bien hecha no solo aporta beneficios al hermano -aunque de momento reaccione con disgusto- sino también al que la realiza: “has ganado a tu hermano”. Es interesante cómo termina Santiago su carta: “Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un pecador de su mal camino salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de numerosos pecados” (St 4, 19-20).

“Señor, ayúdame a tomar en serio la vida de mi hermano, a no desentenderme cuando veo que se hunde en el mal y arruina su vida. Dame el amor necesario y la palabra justa para poder ayudarlo, pero ayúdame a hacerlo con humildad, reconociendo mi propia miseria” (Víctor M Fernández).

 

 


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